Volver al blog

Fractura de cadera en ancianos: tipos y complicaciones

Contenido

La fractura de cadera en los ancianos es una de las causas más comunes de pérdida de movilidad. Como consecuencia, nuestro mayor puede sufrir una triple agresión: la de la propia caída, la de la cirugía posterior y la del empeoramiento de las enfermedades crónicas que ya pudiera padecer.

La mayor parte de las fracturas de cadera se producen en una de las dos partes del fémur, el cuello femoral (parte superior del fémur) y la región intertrocantérea (debajo de la propia articulación de la cadera). De hecho, una fractura de cadera es, en realidad, una rotura del cuello del fémur. 

Tipos de fractura de cadera: clasificación

Las fracturas de cadera se pueden clasificar en función de la zona del cuerpo en la que se han producido. En el caso de los ancianos, la zona subcapital es la más susceptible de sufrir roturas.

Fractura subcapital de cadera

Se trata de aquella fractura que se produce justo por debajo de la cabeza femoral. Tiene, generalmente, un origen traumático y puede suponer o no un desplazamiento del hueso. 

Las fracturas subcapitales se subdividen, utilizando la clasificación de Garden, en varios tipos según su nivel de gravedad:

  • Tipo I: fractura incompleta, también llamada fractura “en valgo”. El hueso puede desplazarse si no se contiene mediante un tratamiento adecuado. 
  • Tipo II: fractura completa pero sin desplazamiento. Al igual que en el caso anterior, puede producirse un desplazamiento secundario si no se recibe tratamiento.
  • Tipo III: fractura completa con desplazamiento parcial. Se trata del tipo de fractura de cadera más frecuente. 
  • Tipo IV: fractura completa con desplazamiento total. La cabeza del fémur y el cuello femoral están completamente desvinculados. 

La forma más común de tratar este tipo de fractura de cadera es mediante la colocación de una prótesis de cadera

Fractura de cadera: síntomas

Los síntomas principales de la fractura de cadera son:

  • Dolor intenso en la cadera.
  • Pérdida de movilidad en la articulación. 
  • La pierna en la que se ha producido la fractura sufre deformación.
  • Sensibilidad e hinchazón en la zona afectada.
  • Hematomas.

Fractura de cadera: diagnóstico

Radriografía de una fractura de cadera de ancianos

La mayor parte de los casos de fractura de cadera en ancianos se diagnostican a partir de una visita al médico en la que se le notifica que la persona mayor ha sufrido una caída y siente dolor intenso en la cadera y, en algunos caso, que no puede caminar. Serán las radiografías simples las que determinarán el diagnóstico exacto. De este modo, el facultativo determinará si existe una fractura de cadera mediante el análisis de los síntomas y la constatación de que la cadera y la pierna se encuentran en una posición anormal. 

Tratamiento de la fractura de cadera en ancianos

Debido al riesgo de sufrir complicaciones en caso de que la fractura no se opere, en casi la totalidad de los casos, el médico decidirá realizar una cirugía durante el transcurso de las horas siguientes a la fractura. Hay personas que sienten temor a llevar una prótesis de cadera, pero, sobre este tema, cabe señalar que, en los últimos años, la cirugía ha avanzado enormemente y menos de un 3% de los casos reportan desarrollar un rechazo o rotura de la prótesis.

Tras la operación, nuestro mayor deberá seguir el tratamiento prescrito, basado fundamentalmente en la rehabilitación

Rehabilitación para la fractura de cadera

Una fisioterapeuta ayudando a una mujer anciana a levantarse de la camilla tras sufrir una fractura de cadera

Al día siguiente de haberse realizado la cirugía, el equipo médico hará caminar a nuestro familiar para evitar que pase demasiado tiempo encamado. En un inicio, la fisioterapia se centrará en mejorar la amplitud del movimiento e incrementar la fortaleza. 

Es de gran importancia resaltar que cuando la persona abandone el hospital tras la intervención, necesitará contar con el apoyo de una persona que le brinde unos buenos cuidados. Es por esto que contar con la ayuda de cuidadores a domicilio puede resultar muy interesante. Su experiencia en el cuidado de personas mayores y en la atención de patologías y dolencias (entre las que se encuentra la fractura de caderas), los convierten en el apoyo que necesita nuestro mayor para aumentar sus posibilidades de recuperación y mejorar su calidad de vida.

Fractura de cadera no operada

Si la fractura de cadera no se opera, el paciente quedará condenado a estar inmovilizado y encamado durante mucho tiempo. Esto puede suponer que nuestro mayor desarrolle, como consecuencia, otras complicaciones de carácter físico, infeccioso y pulmonar, así como un aumento del riesgo de mortalidad temprana.

Fractura de cadera en ancianos: complicaciones

Los pacientes con una fractura de cadera pueden sufrir diversas complicaciones en los días posteriores a sufrirla, entre las que podemos destacar: 

  • Trombosis venosa profunda o pulmonar. La nula movilidad de la pierna tras la fractura o la intervención quirúrgica puede desencadenar en la aparición de una trombosis de las venas de la pierna. La peligrosidad de estos trombos radica en que pueden ascender hasta el pulmón. Es por esto que, generalmente, se receta un tratamiento a base de anticoagulantes (heparina, principalmente). 
  • Úlceras. Como consecuencia del encamamiento al que los pacientes deben someterse, pueden desarrollar úlceras por presión en la espalda o los tobillos.
  • Desorientación y confusión
  • Neumonía
  • Empeoramiento de la condición física, al disminuir el tejido muscular.
  • Pérdida de la autonomía, volviéndose totalmente dependientes. 
  • Estado depresivo y aislamiento social como consecuencia de lo anterior. 

Cómo evitar una fractura de cadera en los ancianos

Una fractura de cadera no es algo baladí y puede convertirse en un hecho que comporte graves consecuencias, como son: el daño físico, mental, funcional y social. Todo esto puede suponer una disminución considerable de la esperanza de vida de nuestros mayores, pues la tasa de mortalidad después de sufrir una fractura de cadera duplica la de las personas de la misma edad sin fractura. No obstante, cabe recalcar que la causa del fallecimiento no es la propia fractura de cadera, sino las enfermedades sistémicas que el anciano ya sufría con anterioridad y que se ven empeoradas tras la rotura. 

Los siguientes, son factores de riesgo que contribuyen a aumentar las probabilidades de sufrir una fractura de cadera:

  • Edad. Conforme la edad avanza, aumenta el riesgo de sufrir caídas de considerable gravedad. De hecho, 1 de cada 5 caídas de personas mayores de 65 años acaba provocando lesiones de gravedad. Entre las más frecuentes se encuentra la fractura de cadera. 
  • La densidad ósea y la masa muscular disminuyen a medida que envejecemos, a lo que se le suma la pérdida de visión y equilibrio, por lo que el riesgo de sufrir una caída aumenta.
  • Sexo. Las fracturas de cadera las sufren, mayoritariamente, las mujeres. Estas representan, concretamente, el 70% de los casos. Esto se debe a que las mujeres pierden densidad ósea con mayor rapidez que los hombres, por lo que su estabilidad y fortaleza es menor.  
  • Trastornos médicos crónicos. Son varios los trastornos que sufren los mayores y cuyos efectos más destacados son: la disminución de la densidad ósea y el aumento de la debilidad en los huesos. También afectan algunos trastornos relativos al sistema cognitivo, como por ejemplo: el párkinson, la demencia o los accidentes cerebrovasculares.  
  • Algunos medicamentos. La toma prolongada de ciertos medicamentos provoca deterioro óseo. Entre los más comunes, se encuentra la cortisona. Asimismo, los medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central (como, por ejemplo, los ansiolíticos) son los que más se asocian al riesgo de sufrir caídas. 
  • Problemas nutricionales. Si durante la adolescencia hemos sufrido falta de calcio y vitamina D, así como trastornos alimenticios graves, aumentará el riesgo de sufrir fracturas óseas en la vejez.
  • Sedentarismo. Realizar actividad física es una buena forma de fortalecer la masa ósea y muscular y así evitar caídas.

De suma importancia es evitar no solo la degradación ósea, sino también cualquier tipo de elemento de riesgo u obstáculo que pueda existir en el propio hogar. Para ello, recomendamos llevar a cabo las siguientes acciones: 

  • Retirar las alfombras de la casa con las que nuestro familiar pueda tropezarse. 
  • Quitar los cables que puedan provocar un tropiezo. 
  • Mantener las estancias del hogar adecuadamente alumbradas. 
  • Evitar caminar por superficies cuyo pavimento sea resbaladizo (por ejemplo, aquellas zonas de la casa que han sido recién fregadas). 
  • Evitar caminar sin ayuda física ni material por zonas de la casa de disposición complicada. 
  • Intentar no tomar medicamentos que produzcan somnolencia o falta de equilibrio y concentración. 
  • Realizar revisiones periódicas de la vista para mantener una buena capacidad visual. 

Déjanos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.