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¿Qué es la paresia y cómo afecta a la vida de las personas mayores?

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En la tercera edad es bastante común que ciertas zonas del cuerpo se debiliten con el paso de los años. Esto puede ocasionar una serie de dificultades a la hora de realizar acciones rutinarias. La paresia hace alusión a ese debilitamiento de músculos y tiene un tratamiento específico.

Gestos cotidianos como levantar una caja de brick de leche, o soportar el peso del agua de un cubo pueden llegar a ser muy tediosas cuando se alcanza una cierta edad, por lo que resulta de vital importancia conocer la enfermedad, y también cómo se presenta para poder hacerle frente.

¿Qué es la paresia?

La paresia es una debilidad muscular parcial causada por una lesión en el sistema nervioso que afecta la capacidad del cerebro para enviar las señales adecuadas a los músculos. Se trata de una condición médica en la que los músculos están débiles y presentan movilidad limitada, pero no están completamente paralizados. 

La paresia se define como una disminución parcial de la fuerza muscular, a diferencia de la parálisis completa. En el contexto de las personas mayores, abordar esta condición es esencial para mantener la calidad de vida y la independencia.

¿Cuáles son los síntomas de la paresia?

Algunos de los signos visibles en esta afección son la debilidad en los músculos, la pérdida del equilibrio y la coordinación, alteraciones de la sensibilidad y de la función visual, así como la pérdida involuntaria de las micciones y deposiciones fecales, además de la posible pérdida de la conciencia.

Tipos de paresia

En función de la zona del cuerpo en la que afecte, se puede hablar de diferentes tipos de paresia:

Paresia facial

La paresia facial implica la debilidad parcial de los músculos faciales. Puede afectar la capacidad de cerrar un ojo, sonreír o expresar emociones faciales. Las causas pueden variar desde infecciones hasta lesiones nerviosas.

Paresia de extremidades superiores

Este tipo de afección afecta los brazos y las manos, resultando en una disminución de la fuerza y coordinación en estas áreas. Las lesiones en los nervios periféricos y ciertas enfermedades neuromusculares pueden desencadenar esta forma de paresia.

Paresia de extremidades inferiores

La paresia en las piernas y los pies puede dificultar la movilidad y el equilibrio en gran medida. Las causas pueden incluir lesiones en la médula espinal, trastornos neuromusculares o condiciones médicas que afectan los nervios periféricos.

Paresia espástica

La paresia espástica se caracteriza por la rigidez y la contracción excesiva de los músculos afectados. Esto puede dificultar el movimiento fluido y generar molestias. Lesiones en la corteza cerebral suelen estar asociadas con este tipo de paresia.

Paresia flácida

A diferencia de la paresia espástica, la paresia flácida se manifiesta con una debilidad muscular más pronunciada y una falta de tono muscular. Lesiones en la médula espinal o en los nervios periféricos pueden desencadenar este tipo de paresia.

Paresia hemipléjica

La paresia hemipléjica afecta un lado completo del cuerpo, ya sea el lado derecho o izquierdo. Puede ser el resultado de eventos cerebrovasculares, como accidentes cerebrovasculares, que afectan una parte del cerebro responsable del control motor.

Paresia diparética

Este tipo de paresia involucra la debilidad en dos grupos musculares opuestos. Puede surgir debido a lesiones en áreas específicas del sistema nervioso central que controlan estos grupos musculares.

Paresia ocular

La paresia ocular afecta los músculos responsables del movimiento de los ojos. Puede dar lugar a problemas de visión y dificultades para enfocar objetos. Ciertas enfermedades neuromusculares pueden contribuir a este tipo de paresia.

Paresia proximal

La paresia proximal se refiere a la debilidad en los músculos cercanos al tronco o al cuerpo central. Puede afectar la capacidad de levantarse de una silla o realizar actividades que requieren fuerza en el tronco.

Paresia distal

Contrastando con la paresia proximal, la paresia distal involucra la debilidad en los músculos de las extremidades, como manos y pies. Puede afectar la destreza y la coordinación fina.

Entender los diferentes tipos de paresia es fundamental para el diagnóstico preciso y el diseño de planes de tratamiento efectivos. Cada forma de paresia presenta desafíos únicos, y el abordaje médico debe adaptarse a las características específicas de cada caso.

Paresia progresiva

Empieza leve y empeora gradualmente con el tiempo. Es común en enfermedades neuromusculares degenerativas como la enfermedad de Huntington, la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth y otras enfermedades raras como el síndrome de progeria de Néstor-Guillermo. 

Causas de la paresia

Son diversos los factores que pueden contribuir a la paresia en la tercera edad, desde enfermedades neurológicas hasta lesiones cerebrales y aspectos relacionados con el envejecimiento. Comprender estas causas es fundamental para un tratamiento efectivo.

De acuerdo al tipo de paresia que esté afectando al individuo se puede tener en conocimiento las causas de la aparición, en el caso de la paresia espástica está asociada a la presencia de ACV o Ictus isquémicos o hemorrágicos, tumores, esclerosis múltiple, traumatismo de la médula espinal; en cambio la paresia flácida es causada por el Síndrome de Guillain-Barré, reacciones opuestas a medicamentos, intoxicaciones por metales pesados como el cobre, mercurio, plomo, miastenia gravis, miopatías inflamatorias, neuropatías; y la paresia simultánea suele ser producto de esclerosis lateral amiotrófica, mielitis transversa y otras mielopatías.

Un hombre mayor se coloca las manos en la frente ante un claro gesto de dolor.

¿Cómo se trata la paresia?

El tratamiento de esta enfermedad depende de la causa que la motive, pero en términos generales suele incluir:  

  • Fisioterapia y terapia ocupacional para mejorar los niveles de fuerza y función muscular. Se enfocan en ejercicios de resistencia progresiva.  
  • La logopedia es beneficiosa en la rehabilitación de la parálisis facial y puede serlo también en la paresia facial cuando afecta a las capacidades del habla. 
  • Férulas y soportes para proporcionar estabilidad y apoyo a las extremidades débiles. 
  • Medicamentos como relajantes musculares en casos de espasticidad.
  • Cirugía, en algunos casos de nervios comprimidos. 
  • Tratamiento de la enfermedad de base como diabetes, tumores, entre otras. 

Algunos de los métodos y técnicas utilizados en este tipo de parálisis son:

  • Movilizaciones activas a pasivas de los miembros superiores e inferiores.
  • Ejercicios activos asistidos.
  • Método de Rood.
  • Método Kabat.
  • Facilitación neuromuscular propioceptiva.
  • Aplicación de agentes físicos como la termoterapia, electroterapia, crioterapia, entre otros.
  • Técnica de miofeedback.
  • Reeducación postural global.
  • Ejercicios respiratorios.

En el hogar, como cuidadores, conviene seguir también una serie de consejos para tratar esta afección con total naturalidad.

Es esencial establecer una rutina estructurada que incluya momentos para la movilización suave y ejercicios físicos adaptados. Conviene asegurarse de proporcionar un entorno seguro, eliminando obstáculos y utilizando equipos de apoyo como barandas y sillas con respaldo. La comunicación abierta es clave; por lo que es recomendable escuchar sus necesidades y preocupaciones.

En cuanto a la higiene personal, hay que realizar cuidados con delicadeza y respeto, adaptándose a sus ritmos y limitaciones. Fomentar la independencia siempre que sea posible, permitiéndoles participar en las actividades diarias según sus capacidades. La alimentación debe ser nutritiva y adaptada a sus necesidades específicas, considerando posibles problemas de deglución.

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